Tradicionalmente,
Rotary International dedica el mes de febrero a LA PAZ. Este no es un gesto
simbólico, es un recordatorio de lo que somos y de lo que podemos aportar.
La paz
es un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad, caracterizado
por la ausencia de guerra, violencia o conflictos. Pero sería pobre reducirla a
eso. La paz auténtica no es únicamente la falta de hostilidades, es también
armonía social, justicia y equilibrio interior. Es, en el fondo, un proceso
constante de construcción, basado en el diálogo y la tolerancia.
Por
eso, cuando hablamos de paz, hablamos de una realidad que existe tanto a nivel
social como personal. Se sostiene en el entendimiento y el respeto mutuo, y se
refuerza cuando somos capaces de resolver disputas mediante el diálogo y la no
violencia, construyendo entornos seguros y dignos para todos. La paz, en
definitiva, no es pasividad. La paz es responsabilidad.
Las
palabras que la representan son muchas y diversas: armonía, tranquilidad,
calma, serenidad, concordia, entendimiento, diálogo, justicia, tolerancia,
empatía y no violencia. También aparecen términos asociados como tregua,
sosiego y reposo, y otras ideas que implican unión y progreso, como el amor, la
unidad y la libertad. Todas ellas apuntan a lo mismo, que la paz no es una idea
abstracta, sino una forma concreta de estar en el mundo y de convivir.
Desde
la teoría de Johan Galtung, podemos comprenderla mejor si pensamos que existe
una paz que consiste, simplemente, en que no haya violencia directa, la llamada
paz negativa; otra más ambiciosa, la paz positiva, que no se limita a que no
haya guerra, sino que exige condiciones que permitan el pleno desarrollo
humano, la justicia social, la armonía y la resolución no violenta de los
conflictos; y, entre ambas, una paz neutra, como etapa intermedia, en la que no
hay conflicto abierto pero aún no se ha alcanzado una justicia plena. A estas
miradas se suman otras clasificaciones igualmente sugerentes, como la paz
personal, la social y la ambiental (Gaia), que insisten en la idea central que
la paz va mucho más allá de la simple “no-guerra”.
En
esta misma línea, la UNESCO y la ONU reconocen el derecho a la paz como un
derecho humano fundamental, que incluye la educación para la paz, el desarrollo
sostenible y la participación ciudadana. Así,, la paz se entiende como un valor
universalmente deseable, esencial para la convivencia y el desarrollo.
Y aquí
es donde Rotary tiene una voz propia, clara y necesaria. Paul Harris, ya en
1905, promovió la paz mundial a través del entendimiento internacional, la
amistad y el servicio comunitario. Defendió que la paz no se mantiene por la
fuerza, que es posible mediante la comprensión, la educación y la superación de
prejuicios; y convirtió a los rotarios en auténticos constructores de puentes
entre comunidades y naciones.
De su
visión se desprende la idea, muy rotaria, que la paz es activa. Harris defendía
una paz valiente y comprometida, que se construye mediante el servicio y no
sólo por la ausencia de guerra. También creía que la ignorancia amenazaba la
paz, y por eso situaba la educación como herramienta fundamental para
superarla. En su filosofía, la amistad y la ayuda al prójimo tenían un papel
decisivo ya que unen a las personas, reducen la distancia, desarman prejuicios
y, con ello, hacen retroceder el odio. Y, en plena Segunda Guerra Mundial, lo
expresó con una claridad que hoy sigue interpelándonos, preconizando que la paz
no se improvisa, que debemos planificarla, construirla de forma deliberada, con
intención y constancia.
En
este mes de febrero, os invito a que cada club haga de este mensaje una
práctica: en lo que hacemos, en cómo lo comunicamos y, sobre todo, en cómo nos
relacionamos. La paz no se declara, se trabaja. Y Rotary, precisamente, nació
para eso.
Josep Maria Buqueras
Gobernador del Distrito 2202
Año 2025-2026