Reflexión personal sobre mi experiencia en Rotary

lunes, 4 de mayo de 2026

José Manuel Arangüena Fanego. Rotary Club de Zaragoza

 

Hay decisiones en la vida que, sin saberlo en ese momento, acaban marcando nuestro camino de forma profunda. Para mí, una de ellas fue entrar a formar parte de Rotary, como socio fundador del Club de Pontevedra, en mayo de 1988. Si bien, mi experiencia como rotario la adquirí en el Club de Zaragoza, al trasladarme a vivir un año después a esta ciudad. Lo que comenzó como una aproximación a una organización de prestigio, pronto se convirtió en una parte esencial de mi vida.


Rotary me enseñó desde el principio que el verdadero valor no está solo en lo que hacemos, sino en, por qué lo hacemos y con quién lo compartimos. En cada reunión, en cada proyecto, en cada conversación, he encontrado algo más que compañerismo: he encontrado amistad sincera, compromiso auténtico y una manera de entender el servicio como una responsabilidad y un privilegio.


En estos 37 años en el Rotary Club de Zaragoza, ejerciendo de Presidente, Secretario, Tesorero o como rotario de base, mi implicación fue creciendo, y con ella también mi visión de lo que Rotary representa. Mi etapa en el Distrito 2202, primero como Chairman de Juventud y después como Asistente del Gobernador, supuso un punto de inflexión. Trabajar con jóvenes fue, sin duda, una de las experiencias más inspiradoras de mi trayectoria rotaria; en ellos descubrí entusiasmo, talento y una capacidad infinita para soñar con un mundo mejor. Pero, sobre todo, confirmé que Rotary tiene futuro, precisamente porque sabe sembrar en las nuevas generaciones los valores que nos definen.


Como Asistente del Gobernador, tuve el privilegio de conocer más de cerca la realidad de muchos clubes, cada uno con su personalidad, sus retos y sus logros. Esa diversidad me hizo comprender aún más la grandeza de Rotary: somos distintos, pero compartimos una misma vocación de servicio. Y es ahí, en esa suma de voluntades, donde reside nuestra verdadera fuerza.


Si miro atrás, no puedo evitar sentir gratitud. Gratitud por las personas que he conocido, por los proyectos en los que he participado y por todo lo que Rotary me ha permitido aprender. Pero si miro hacia adelante, lo hago con esperanza e ilusión renovadas.


Espero que Rotary siga siendo ese espacio donde las personas encuentran un propósito más allá de sí mismas. Confío en que sepamos adaptarnos a los nuevos tiempos sin perder nuestra esencia, manteniendo vivos los valores que nos han guiado durante generaciones. Me ilusiona pensar en un Rotary cada vez más abierto, más diverso, más cercano a la sociedad y, sobre todo, más capaz de inspirar a quienes vienen detrás.
Deseo que los jóvenes no solo encuentren en Rotary una plataforma de acción, sino también un lugar donde crecer como personas, donde descubrir la importancia de dar sin esperar nada a cambio y donde construir relaciones que perduren toda la vida. Porque si algo he aprendido en estos años es que Rotary no termina en un proyecto ni en un cargo: Rotary vive en las personas y en la huella que dejamos en los demás.


Hoy sigo sintiendo el mismo orgullo y la misma emoción que el primer día. Y si algo tengo claro es que, mientras exista ese espíritu de servicio y esa voluntad de mejorar el mundo, Rotary seguirá teniendo sentido.


Porque, al final, Rotary no es solo lo que hacemos: es lo que somos.


José Manuel Arangüena Fanego
Rotary Club de Zaragoza  

José Manuel Arangüena Fanego Rotary Club de Zaragoza